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PRIEGUENSES EN LA HISTORIA - Francisco Alcalá Ortiz: Impresiones de un prieguense en los Estados Unidos

03. EL SUEÑO AMERICANO CHICO

Consiste en alcanzar el nivel de vida de la clase media.



© Francisco Alcalá Ortiz

 

            El sueño americano chico consiste en alcanzar el nivel de vida de la clase media, y a ser posible, la media alta. El contenido concreto de este sueño es diferente en cada país, y en un mismo país cambia con el tiempo.

            Recientemente una cadena de televisión japonesa empezó a preparar un reportaje comparando el estilo de vida de una familia japonesa y otra italiana con unos ingresos similares de alrededor de $25 .000. El proyecto tuvo que ser suspendido cuando se constató que la familia italiana vivía con tal lujo que iba a ser difícil de creer para los telespectadores japoneses. Por este tiempo el ingreso por cabeza en el Japón era el doble que el de Italia.

            Si se hiciera el mismo cotejo entre una familia española y otra americana de un nivel de ingresos similar al antes mencionado, el contraste no sería tan marcado, pero es observable en alguna medida.

            Las últimas estadísticas indican que la renta por cabeza en los Estados Unidos es aproximadamente tres veces la de España, y eso confirman muchos índices, como el de escolarización de los jóvenes de 15 a 22 años de edad, el de consumo de energía, la propiedad de coches y la abundancia de carreteras.

            Pero cuando en vez de datos nacionales se analizan los de la economía doméstica, dos hechos saltan pronto a la vista: la diferencia de poder adquisitivo y la diferente composición del presupuesto familiar.

            El poder adquisitivo indica lo que se puede comprar con el dinero que queda después de pagar los impuestos.

            Los impuestos federales han sido hasta ahora muy parecidos a los de España. Pero a ellos hay que añadir los estatales y los municipales. Al estado se paga como media el 9% de los ingresos, y a la ciudad el 7%. Aunque en América también se defrauda al fisco, no se hace en la misma medida que en España, donde ya es sabido que empresarios, profesionales, ejecutivos y trabajadores por su cuenta, "se sumergen" y declaran una fracción de lo que ganan.

            En cuanto a los precios, algunas cosas son más caras en España (gasolina, televisión, vídeo y coca-cola), otras más baratas (comida, vivienda, transporte público), y otras lo mismo (ropa, coche, tabaco y whisky). Como se ve, las cosas más necesarias son más caras en América.

            Debido a esta combinación de impuestos -pagados y evadidos- y de precios, la clase media alta y la clase alta española tiene un poder de compra más elevado que en América y puede permitirse lujos que chocarían, no sólo a un americano, sino también a un alemán, un inglés, un sueco, y, sobre todo, a un japonés. En Worcester (170.000 hab.) donde vivo, se encuentra la sede de varias compañías internacionales. Si se visita la casa del presidente de una de estas compañías, con un sueldo anual de medio millón de dólares, se notará que es más modesta que la de un director general de una compañía estatal en España que gane alrededor de seis millones de pesetas anuales, es decir, una décima parte de su colega americano.

            Un contraste parecido, aunque en menor escala, se percibe también entre la clase media de ambos países. Los americanos se sorprenden de lo que los españoles del mismo nivel económico gastan en muebles, ropa, vacaciones y esparcimiento. ¿En qué gastan los americanos su dinero?

            El americano presume de independiente y dice que necesita espacio físico y sicológico. Debido en parte a esto, las ciudades americanas no tienen un casco denso sino que se dispersan sobre mucho territorio. Toda la clase media vive en casas aisladas, con su jardín, un garaje y su perro. Por esta "privacidad" (privacy) y otras por el estilo el americano paga un precio muy alto, tanto en la esfera pública como en la privada. Si vale la pena o no, sólo él puede decirlo.

            La urbanización de estas ciudades es carísima. También necesitan muchos policías que las patrullan en coche, y muchos bomberos, ya que las cosas son de madera y arden con facilidad. Las ciudades pagan la mitad del presupuesto de escuelas, siendo la asistencia obligatoria hasta los dieciocho años. Aparte de eso, la ciudad de Worcester, por ejemplo, sostiene un hospital inmenso, una biblioteca con un millón de libros y 144 empleados, un aeropuerto y un centro cívico. En resumidas cuentas, que una casa de tipo medio tiene que pagar alrededor de $1.600,00 (mil seiscientos) de contribución al año.

            Ciertamente es cómodo poder aparcar el coche en la puerta de la casa o en el garaje adyacente, e ir a la farmacia y poder aparcar también en su misma entrada. Esta sensación de autonomía y flexibilidad produce una gran satisfacción al americano. Pero, además de engordar, estas comodidades (conveniences) acarrean muchos gastos. Precisamente por estar todo tan lejos, el coche es imprescindible, incluso para ir a comprar dos aspirinas. Mucha gente va a trabajar todos los días hasta a ochenta kilómetros de distancia (to commute).

El coche se usa mucho y hay que repararlo y reemplazarlo con frecuencia. Según los expertos, él se lleva el 12% del ingreso familiar.

            Como el americano vive aislado y con muchas deudas (casa y coche suelen comprarse a crédito), tiene que estar asegurado hasta los dientes contra toda eventualidad. En seguros de vida, de incapacidad, del coche y de la casa se va el 7%. Si uno no se asegura, se expone a ser comido vivo por querellantes y abogados.

            El poder de compra en América ha venido bajando desde mediados de los años 70. Para mantener el nivel de vida, el americano no ha recurrido al pluriempleo sino al trabajo de la mujer. Más del 60% de las mujeres casadas trabajan hoy día fuera de casa. Ello quiere decir que se necesitan dos coches con sus seguros correspondientes (el de cada coche cuesta $800,00 (ochocientos) al año, y si hay niños pequeños en la casa, cosa que Dios no quiera, hay que pagar a un "baby-sitter" que los cuide durante parte o todo el día. Eso de guarderías empresariales, municipales o estatales, son cosas que van contra su mentalidad privatista.

            Si hay más de un niño, cosa que Dios no quiera tampoco, habrá que empezar a ahorrar para la universidad en el momento mismo de la concepción. Y otra vez, a causa de tanto afán de privacidad. Mientras que en la mayoría de los países es gratuita, en América cuatro años de universidad privada salen hoy día por más de $50.000,00 (cincuenta mil), y de una pública, por la mitad.

            Si se tiene en cuenta que un perro grande - muchas veces necesario para guardar estas casas alejadas unas de otras y escondidas entre árboles y arbustos-, entre comida de perro enlatada, veterinario, higienista y sicólogo perruno cuesta alrededor de $800,00 (ochocientos) anuales, ¿cuánto dinero le queda al americano medio para ir de vacaciones?

            Que el paciente lector saque su calculadora y lo vea por sus propios ojos.

            (Adarve, número 257, 25 de enero de 1987, página 13.)





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