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17.23. FRANCISCO RUIZ SANTAELLA: EL LEONARDO DA VINCE PRIEGUENSE (1875-1950)

 




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PRIEGUENSES EN LA HISTORIA - Francisco Alcalá Ortiz: Impresiones de un prieguense en los Estados Unidos

14. ¿HA IDO USTED AL SICÓLOGO?

Remedios para la inestabilidad síquica y física



© Francisco Alcalá Ortiz

 

            Si la fe en el sueño americano es el rasgo más conspicuo y popularizado de este país, la ubicuidad de que en él goza la sicología es posiblemente su gran secreto. Secreto, no porque ellos lo oculten con bochorno, sino por ser generalmente desconocido en el extranjero, no formando parte de ninguno de los estereotipos que de los americanos corren por el mundo. Yo sabía muchas cosas de los americanos antes de venir aquí, unas confirmadas después y otras desmentidas. Lo que no podía ni imaginarme siquiera era que la sicología tuviera el relieve que tiene en todas las esferas de la vida.

            Para hacerse una idea de este florecimiento sicológico, piénsese que de los 90.000 siquiatras que hay en el mundo, una tercera parte practica en los Estados Unidos. De los 4.000 miembros de la Asociación Sicoanalítica Internacional, la mitad son americanos. Sólo en la ciudad de Nueva York hay tantos sicoanalistas como en cualquier país europeo. Al final de los años sesenta, cuando aquí había 12.000 sicólogos clínicos, ningún otro país tenía más de

400. Estas cifras son sólo muestras de las muchas que se podrían citar.

            Cuando alguien tiene el mínimo problema llamado aquí "mental", o simplemente no está funcionando al máximo de sus capacidades (to his potential), es muy probable que oiga de algún amigo o de un consejero radiofónico, televisión o periodístico, la frase ya proverbial: "¿Has pensado en la sicoterapia?"

(Have you considered therapy?)

            Los orígenes remotos de esta necesidad por la sicología habría que buscarlos en el individualismo atomista característico de la tradición anglosajona. Si el individuo cree que está solo y, al mismo tiempo, que necesita colaborar con otros para sobrevivir como persona humana, tiene que aprender a venderse bien y a negociar con ellos. Para llevar a cabo todas estas cosas con éxito tiene que conocerlo a ellos y conocerse bien a sí mismo. De ahí que las categorías "venta", "contrato", " derecho" y " sicología" sean cardinales en la mentalidad americana, y que los hombres de negocios, sobre todo en mercadotecnia y ventas, los abogados y los sicólogos se hayan convertido en profesiones con un número y una relevancia social no alcanzados en ninguna otra parte.

            El bagaje cultural anglosajón no hubiera bastado, como no bastó en Inglaterra, si las condiciones de vida y la actitud que ante ellas adoptaron lo americanos no hubieran actuado en la misma dirección. Este país ha sido creado por emigrantes, es decir, personas arriesgadas y desarraigadas, que, al llegar aquí, tenían que empezar una vida nueva en una sociedad donde el cambio acelerado fue siempre la regla más que la excepción. Nada de extrañar, pues, que casi todas las modas sicológicas iniciadas en Europa tuvieran aquí mucha más resonancia que allí, donde el cambio era más lento y más ligado al pasado, y donde se podía contar también con soportes  tradicionales de que aquí no se disponía.

            Desde los años 1820 hasta la Guerra Civil (1861-1865), la frenología se convirtió en la primera moda sicologista. Aparte de la teoría de la localización espacial en el cerebro de las diferentes funcionales mentales, la frenología también prometía cambiar y mejorar la personalidad con métodos precisos. Esta promesa de resultados concretos era lo que la hacía eminentemente atractiva a los americanos. Después de la guerra, los médicos dieron carta de ciudadanía a una nueva enfermedad "la nerviosidad americana" (the American nervousness) algo similar a lo que se llamó sicastenia y neurastenia en Europa. Este nuevo mal era más frecuente entre los miembros de la clase media y alta, los cuales empezaron a quejarse de síntomas nuevos y vagos, como fatiga inmotivada, insomnios, dificultad para concentrarse, y gran surtido de fobias y manías. Por vez primera se reconocía aquí una enfermedad puramente sicológica, "la enfermedad de los tiempos modernos", que no era una sicosis extrema.

            El entresiglos en América, al igual que en Europa, fue una época de tumultuoso fermento. Las nuevas clases creadas por el rápido desarrollo industrial ya no encontraban apoyo en las antiguas instituciones, sobre todo en la religión, pero como estaban "nerviosos" y desconcertados ante transformaciones tan vertiginosas y profundas, crearon la demanda por una nueva clase de magos, los sicoterapeutas, que se fueron improvisando de entre las filas de los neurólogos, fisiólogos, sicólogos, clérigos y curanderos de todas clases. Una moda (fad) reemplazaba a otra a un ritmo endiablado. Entre otras muchas técnicas se propusieron entonces el consumo de vegetales, sobre todo crudos, la masticación lenta, el mantener las ventanas abiertas, el tomar baños de agua fría o baños de sol filtrado por un cristal azul.

            Algunos movimientos se inventaron batiburrillos de cristianismo, espiritualismo, hipnotismo e hinduismo, y fueron divulgados por infinidad de grupúsculos. Hoy día se les conoce con el nombre de "New Thought" (nuevo pensamiento). A pesar de la variedad de escuelas, ciertos principios eran compartidos por todas ellas, y curiosamente siguen en vigor todavía, aunque servidos en odres nuevos: la bondad natural del hombre, los poderes del inconsciente que había que potenciar con ejercicios adecuados, la supremacía de lo mental sobre lo físico, la posibilidad de " selfrealization" (realización propia, ser lo que uno está llamado a ser). Y muchos de los métodos propugnados entonces todavía son recomendados, como la relajación y la meditación, la autosugestión y la representación imaginativa de estados y situaciones deseados, o lo que luego se llamará "positive thinking" (pensamiento positivo).

            A principios del siglo XX se importó el sicoanálisis, el cual se tomó aquí mucho más en serio que en Europa y aquí se aclimató extremadamente bien, aunque últimamente ha ido perdiendo algo de su lustre original. Las dos guerras europeas retardaron por algún tiempo la explosión terapéutica, la cual se produjo por fin y con gran estruendo a partir de los años 50. Desde entonces no ha hecho más que crecer.

            A decir verdad, el corto respiro de entreguerras fue más que suficiente para dar nacimiento a otra moda sicológica. En los años 20, un farmacéutico francés, Emile Coué, predicaba la autosugestión, una versión de la hipnosis, como medio de llegar al auto-control, ser dueño de uno mismo (self-mastery),

y así alcanzar la salud mental, solucionar todos los problemas, triunfar en la vida y ser feliz. Lo único que el hostigado paciente tenía que hacer era repetirse constantemente estas o parecidas palabras: "Cada día y en todos los aspectos me siento mejor".

            Todas estas corrientes eran reportadas ampliamente en las revistas de aquel tiempo, más sensacionalistas que las de ahora, y especialmente en las leídas por las mujeres, que todavía son las clientes más asiduas de la sicoterapia, aunque ciertamente no las únicas. Los supuestos que subyacían a todas estas iniciativas era que se podría ser o hacer lo que se quisiera de y con uno mismo con sólo tener la actitud apropiada (right attltude), fomentar los pensamientos adecuados (right thoughts), y usar las técnicas conducentes

(right techniques).

            Estos supuestos están grabados a hierro en la sique americana. Ante una situación difícil (challenge), el americano los reactivará de un modo casi instintivo.

            (Adarve, números 307-308,  Semana Santa 1989, página 67).





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