INICIO
 CURRÍCULO  
 NOTAS BIOGRÁFICAS  
 CRONISTA OFICIAL  
 ARTÍCULOS  
 LIBROS  
 FOTOTECA  
 ADARVE FOTOGRÁFICO  
 ENVÍA TUS FOTOS 
 VÍDEOS 
 NOTICIAS DE PRIEGO 
 ENLÁCENOS 
 LIBRO DE VISITAS 
 BLOG 

 

17.18. COCINA PRIEGUENSE DEL SIGLO XVIII

 




1226734 Visitas
desde el 1 de mayo 2007
Personas - Prieguenses

"PLANTICA": LA VOZ DE UN CARRERO

José González, ejerció el oficio de carrero, hoy ya extinguido. Su afición más grande fue el cante flamenco, y dentro de él cantar saetas a los pasos procesionales de Priego.

© Enrique Alcalá Ortiz



A

 sus sesenta años José González Pareja, Plantica, está jubilado. Apenas anda, aunque todavía se maneja y se mueve, pero con difi­cultad. Sus desplazamien­tos los realiza en una pe­queña moto con la que acude cada noche al bar el Águila a pasar un rato de tertulia con los amigos. Una artrosis progresiva está doblándole las rodillas que le causa frecuentes dolo­res.

A pesar de esto, su fuerte estructura ósea y su piel clara le dan un aspecto jovial y si no fuera por el bastón con el que se acom­paña, su apariencia deno­taría unos lustros menos. El apodo lo heredó de su abuelo. "Mi abuelo que tenía una pequeña huerta y solía decir, a menudo, voy a poner unas planti­cas. Tras decirlo varias veces fue suficiente para que la gente lo nombrara como el de las plantitas. Y Plantica fue mi abuelo, Plantica fue mi padre, Plantica soy yo y Plantica son mis hijos". 

Carretero con su carro 

Desde pequeño ha tra­bajado fuerte. Como se trabajaba, cuando sólo se tienen las manos y las ganas, en un tiempo en el que se solía sudar de sol a sol y el suelo apenas daba para ir malviviendo. Pri­mero en los albañiles y después con una recua de borricos yendo al río a sa­car arena para las obras. "Mi padre también fue carrero. El tenía un carro con tres bestias grandes. Él lo vendió y yo eché un carro más chico". El primer porte que cobró fue de un poco más de un duro y por los últimos cobraba de seis­cientas a ochocientas pese­tas, "pues si lo cargabas todo vale más. Y si te ayu­daban a cargarlo vale me­nos". Después de la carga, se encamina hacia los arra­bales del pueblo para sol­tar el escombro. Y en el camino, a veces de varios kilómetros, muchas irrita­ciones con los mulos que se vuelven toscos y retorcidos y son faltos en obedecer. Y cuando la cosa está tran­quila, mucho tiempo para pensar y para cantar. Es famoso en el pueblo por su carácter jovial y desenvuel­to que se hacía querer. "Sí, he echado muchos piropos a las mozuelas, pero siem­pre con respeto y sin ofen­der".

A José nunca le robaron el carro. El percance más desgraciado le sucedió un domingo de la Columna cuando se metió con el carro en un barranco y se le vino el carro encima y un bidón de 200 litros le cogió deba­jo, "estuve a punto de mo­rir y un brazo me lo fasti­dié, bien fastidiado".

Sus primeros carros con grandísimas ruedas de radios de madera y llantas de hierro fueron haciéndo­se cada vez más reducidos y las ruedas se tornaron en cubiertas de goma para no dañar el piso de las calles. Sus principales clientes vivían en las estrechas callejas donde no era posi­ble el acceso de los peque­ños camiones. "El carro ya lo he quitado, ninguno de mis hijos ha querido conti­nuar con el negocio". 

El día que se quitó la mascarilla 

La saeta es más fuerte que él. No se puede aguan­tar. Hablando de la saeta, un hormigueo le recorre el cuerpo. Rompe la conver­sación y se pone a cantar. El éxtasis le sale por la boca. Ahora no hay imáge­nes, pero él las vive en su imaginación: 

Con sudor, frío y descalzo

va caminando Jesús;

las fuerzas le van faltando,

ya no puede con la cruz.

Cirineo le va ayudando. 

Después de cantarla, como no hay público él mismo grita: "¡Viva Nues­tro Padre Jesús Nazareno! ¡Viva!". Y muestra una sonrisa de satisfacción. Como final añade "Es mayor a mis fuerzas". La frase está de más, porque se le nota que no está inter­pretando, sino viviendo y disfrutando una emoción que manifiesta sanamen­te.

La afición le viene de muchos años atrás. Una Semana Santa estaba con su amigo Manolillo Ávila y le dijo: "Voy a parar a la Virgen de los Dolores". Al final la paré y me dijo: "Ya que la has parado, le can­tas". "Pero, hombre, Mano­lillo que yo no sé cantar". "Que sí, que ya que la has parado no se va a ir sin que le cantes". "Y salí cantan­do".

Desde aquel día José ha cantado en todas las Sema­nas Santas, "me quité la mascarilla y perdí la ver­güenza de cantar en públi­co". Sus saetas son ya una institución en esta solem­nidad. 

Un milagro que haría Jesús 

Este año pasado se en­contraba bien de la gar­ganta y le ha cantado a todos los pasos. Pero cada vez tiene menos voz. Re­cuerda especialmente lo que le sucedió hace dos años. "Tenía una gran faringitis y pasaban todos los santos y no podía cantar­les. Y no sé lo que me pasó que cuando bajé del Calva­rio le dije a mi mujer:

-¿Te vienes, que va a cantar en la calle Tucumán, Matas el jardinero?

-Yo, no ?me dijo mi mujer.

-Pues yo voy a ir a oírlo cantar.

Y al llegar al final de la calle Herrera me encontré con Jesús Nazareno que ba­jaba del Calvario y ya me entró a mi una cosa en el cuerpo que me dije, le voy a cantar, aunque sea una co­pla. Me llegué a la casa de Porras y le pregunté:

- ¿Puedo subir al bal­cón?

-Sí, hombre, sube, Plantica.

Me subí y subió mi chi­quillo conmigo. Iba ahogán­dome, porque iba corrien­do y ya estaba Jesús enci­ma. Y cuando me puse a cantarle a Jesús una saeta me salió enterica, enterica. Entera, cucha, que no me ahogaba siquiera. Sudé fuerte, y me dije para mí: esto es más raro. Y me puse a cantar otra. Las dos me salieron muy bien y fueron muy aplaudidas. Un mila­gro que haría Jesús Naza­reno, porque otra cosa no podía ser. Que no podía hablar que se me cortaba el habla. Estaba hablando y se me cortaba el habla. Y aquellas dos saetas me salieron enteras".

Generalmente canta tranquilo pero esta vez se emocionó tanto que salió llorando. "Llorando como si se me hubiera muerto mi madre". 

"Tengo que cantar a la fuerza" 

Hace unos años la Peña Flamenca "Fuente del Rey" organizó un concurso de saetas y quedó en tercer lugar. Le dieron un premio en metálico y tuvo que can­tar en el sitio que le indica­ron. Esta es la única vez que ha cobrado. "Yo canto porque me gusta y por de­voción. En cuanto baja Je­sús Nazareno y lo veo, es que se me salen las lágri­mas y tengo que cantar a la fuerza".

Me habla de Francisco Matas, Pedro Carrillo, Francisco Ariza y Castro como cantaores de saetas. Aunque me cuenta que cada vez son menos los que cantan y que hay muy po­cos jóvenes que se atrevan a cantar saetas. Recuerda, también, como antes el pú­blico decía vivas al termi­nar de cantar, pero que aho­ra hacen palmas. Una moda importada de Sevilla que entonces no se usaba aquí.

El dolor de su enferme­dad le ha hecho poeta. Ha creado una sola poesía en su vida. Una poesía que es una oración que va dirigi­da al que tantas veces se ha parado para escucharle. Su súplica no podía ser más que una saeta. Y se pone a cantar emocionado: 

A Jesús Nazareno

dos cosas le voy a pedir:

que me quite los dolores

para poder yo vivir. 

"Mientras pueda, todos los años cantaré saetas. Si me pongo que no puedo an­dar, que me suban a un balcón, aunque sea en bra­zos. Así cantaré hasta que me muera, si la faringitis no se me pone peor. El día que no pueda tiene que ser una pena para mí".

Y para nosotros también será una pena Plantica, que todos los años te escucha­mos a gusto.

 





698 Veces visto - Versión para Imprimir




Libro de
Visitas


Colabora con tus fotos



Buscador de Artículos



[INICIO] | [CURRÍCULO] | [BIOGRAFÍA] | [CRONISTA OFICIAL] | [ARTÍCULOS] | [LIBROS] | [FOTOTECA] | [ADARVE FOTOGRÁFICO]
[ENLÁCENOS] | [LIBRO DE VISITAS] | [ENVÍA TUS FOTOS] | [BLOG]


Diseño Web: © dEle2007