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desde el 1 de mayo 2007
Personas - No prieguenses

FRANCISCO TEJERO STÉGER

Reseña biográfica del tallista Paco Tejero, destacando sus dos facetas de maestro de tallistas y maestro de la talla.

Por Enrique Alcalá Ortiz

  

 

 

E

l día de Andalucía del año 1998 se presentaba muy ajetreado en el amplio caserón familiar que Francisco Tejero Stéger poseía en la calle Puertas Nuevas de Priego.  Francisco Tejero era un Maestro Numerario de Taller de Instituto Laboral, ya jubilado desde hacía dieciocho años, que llenaba su tiempo de ocio, pasando horas y horas en su pequeño taller, tallando en maderas nobles los más variados altorrelieves, bajorrelieves, consolas, arcones y cornucopias barrocas. A mediodía tendría que acudir a una cita importante que tendría lugar en un restaurante céntrico de la ciudad. Allí, la "Asociación Cultural Adarve?, después de un almuerzo de homenaje, le haría entrega del título Prieguense del Año 1997. Fue el último homenaje que recibió en vida y que se unía a una larga lista de premios, diplomas y distinciones que había recibido en su dilatada vida, entre los que destacan Hijo Adoptivo de Priego de Córdoba, Director Honorífico de las Escuelas Taller y Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba.

 

Por paradoja del destino, el Prieguense del Año de 1997 no había nacido en Priego, sino en Baena, en 1910, en la calle Alfonso XII número 41, hoy llamada Mesones. Con cuatro años emigra con su familia a Cuba, viviendo en La Habana. Allí aprende el arte de la talla con un maestro granadino. Con 21 años regresa a España y se establece en Priego donde fijará su residencia hasta su muerte acaecida en 1998, después de 67 años de estancia en su pueblo de adopción.

 

            La vida y obra de Francisco Tejero Stéger ha sido en extremo apasionante, ya si consideramos el personaje dentro del contexto social e histórico donde se ha desarrollado su vida, o bien de una forma aislada, familiar y su proyección como artista en la comunidad donde vivió. Dejando aparte sus calidades humanas, la sencillez de su vida, el fuerte sentido religioso, su afición a la lectura, a los toros y al flamenco, y su faceta de marido y padre, nos hemos de detener concisamente para resaltar los perfiles de maestro de la talla y maestro de tallistas.

 

            En el perfil de maestro de la talla, la obra de Francisco Tejero, sin contar su fase de aprendizaje y de empleado a cuenta de su maestro granadino, presenta tres etapas bien diferenciadas todas ellas desarrolladas en Priego de Córdoba.

 

            La primera época comprende desde que abre taller propio en la posguerra, a principios de la década de los cuarenta, extendiéndose unos veinte años hasta la década de los sesenta, cuando paulatinamente va dejando de coger los encargos de clientes, ya que completa su horario como Maestro de Taller de Carpintería en el Instituto Laboral Fernando III. En los primeros años de esta época, los contratos que hace son todos de clientes particulares. Consisten éstos en arte mobiliario para uso doméstico. Así de su taller va saliendo decoración para consolas, centros, mesas, arcones, cornucopias, bargueños, marcos y sobre todo complementos para comedores y dormitorios donde sobresale el estilo barroco, si bien con algo de renacimiento y Luis XV. En el año 1941, copiando estilos sevillanos, y siguiendo la ola de un renacimiento cofradiero y católico en torno a las procesiones de Semana Santa, la Cofradía del Nazareno le encarga unas andas, que se hacen en madera dorada con láminas de oro con una estética barroca inspirada en el numeroso patrimonio existente en Priego, legado del siglo XVIII. Esto le amplía de una forma apreciable el abanico de sus clientes, así como el de los encargos. Su fama se acrecienta, porque al éxito de este trono le siguen otros que talla para diferentes cofradías de la localidad y pueblos de la comarca. Esta diversificación de su trabajo de taller la complementa con el diseño y construcción de sagrarios y tres altares, dos en Priego y otro en Málaga.

 

            La segunda fase de su obra, abarca otras dos décadas. En este momento ya está consolidado en su puesto como Maestro de Taller en la enseñanza secundaria, por lo que poco a poco ha ido dejando de tomar encargos para acabar por cerrar definitivamente su taller. Si bien su ocupación extra como locutor de la emisora docente del Instituto le ocupa mucho tiempo, Francisco Tejero nunca dejará que sus gubias se llenen del polvo de la inactividad. En las vacaciones, en los días de fiesta, en los ratos libres y entre clase y clase, cualquier momento es bueno para diseñar y ponerse a trabajar. Pero ahora el destino de su obra cambia de signo. No las hace por encargo y perderlas de vista, sino para su propio recreo y decoración de su casa y las de sus hijos. Con la libertad de elección poco a poco va creando un variado patrimonio del que sobresalen los altorrelieves y bajorrelieves inspirados en pintores clásicos españoles y extranjeros, o del siglo XIX y XX que aparecen en las páginas de revistas que recorta y conserva, sobre todo de la Ilustración Española y Americana o La Ilustración Artística. Así, son plasmados en nogal o caoba, las maderas que normalmente emplea, obras de Martínez Montañés, Rubens, Gustavo Doré, Pradilla, Arturo Michalena, Nicolás Baravino, Xumetra, Alejo Vera, o bajorrelieves de Agustín Querol, Mariano Benlliure, Antonio Susillo y Lorenzo Coullaut Valera, al que copia en varias ocasiones.

 

            La tercera fase, los años de su jubilación, y hasta el mismo día de su muerte sigue trabajando en el taller de su casa, en la misma línea de la fase anterior, si bien ahora, se atreve, como él dice, con obras de Velázquez, en temas como "Los borrachos" y "La fragua de Vulcano" y repite numerosos motivos taurinos que saca de los carteles publicitarios.

 

 

            Sin dejar del todo la estética barroca del primer período que hace para vender donde predomina la hojarasca vegetal y la casi ausencia de la figura humana, en la segunda y tercera épocas predomina ésta, generalmente vestida, no hace desnudos, y como animales el caballo y sobre todo el toro. Los temas elegidos son de contenido histórico, alegórico, mitológico religioso o de recreación literaria, además de los taurinos ya citados. Así destacan como históricos "La conquista de Granada" "Cristóbal Colón escarnecido por los doctores de Salamanca", "Numancia", "Carrera de carros en Roma" y "Entrada de Esplandián en Constantinopla"; de contenido religioso podemos citar "San Francisco de Asís curando a los leprosos", "La oración del Huerto" y "El martirio de Santo Tomás"; de contenido alegórico y mitológico tenemos "Bacanal", "Caballería andante" y "Primavera".

 

            El otro perfil es el de maestro de tallistas. Tres etapas se distinguen claramente en su faceta como enseñante que coinciden prácticamente con las etapas productivas que hemos señalado.

 

Abierto el taller, va admitiendo a numerosos aprendices, hasta  ocho llegó a tener que poco a poco aprenden el arte de la gubia. Francisco Tejero destacará el hecho de que muchos tallistas llegados antes a la ciudad no admitieron aprendices a su lado. Él se sentirá orgulloso de haber transmitido lo que sabía, de haber enseñado su arte. Conforme van aprendiendo y madurando en edad, y finalmente cuando cierra el taller, muchos de ellos abrirán taller propio, bien en Priego o en otras localidades, como en Córdoba, Madrid y Bilbao donde a su vez se formarán otros tallistas. Esta apertura de talleres en el siglo XX dedicados a la talla en un pueblo que había perdido esta tradición ha sido resaltada en los diversos homenajes que se le ofrecieron, coincidiendo todos en el hecho de que nuestro tallista ha sido el maestro de una segunda escuela de talla, propiciando un renacimiento, recuperando por lo tanto una estética que respondía a una demanda social, bien privada, cofradiera o eclesial.

 

            En su segunda fase de enseñante, el tallista se hace maestro. Durante veintiséis años, de 1954 a 1980, ejercerá como Maestro de Taller de Carpintería en el Instituto Técnico de Segunda Enseñanza, después llamado Instituto Laboral, y más tarde Escuela de Formación Profesional, donde ocupará el puesto de profesor de Dibujo. Si bien, siempre se consideró como un tallista y no un ebanista, durante estos años, todas sus horas de trabajo docente las va a dedicar a enseñar los principios básicos de la carpintería a un colectivo de alumnos que van desde los 10 hasta los 16 años. Los alumnos ponderarán la amabilidad de don Paco, su pedagogía atractiva, y lo ameno de las clases que pasaban junto al banco de carpintería donde llegaron a construir objetos verdaderamente profesionales.

 

            Cuando se jubila con setenta años era posible vaticinar con bastante lógica que ya no volvería a ejercer de maestro. Pero sorprendentemente siete años más tarde, es llamado por el Alcalde de Priego para que ponga en marcha y dirija la primera escuela taller que se creó en la ciudad. En esta tercera fase no ejercerá la docencia de una forma directa, con clases normalizadas dentro de un currículo, sino como coordinador de monitores, casi todos ex alumnos suyos y supervisor de sus tareas, aunque en sus visitas nunca deja de aconsejar y dirigir a los alumnos.    

 

Hace unos años el Excmo. Ayuntamiento de Priego de Córdoba ha dedicado una calle de la ciudad a este ilustre baenense afincado en Priego, Maestro de Taller de Carpintería del antiguo Instituto Laboral, Maestro de la Talla y Maestro de Tallistas.





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