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17.05. LAVANDERAS Y LAVADEROS EN EL CANCIONERO POPULAR DE LA SUBBÉTICA CORDOBESA

 




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Poemas a Priego - Poesía

SONETOS A LA CIUDAD DE PRIEGO

Carlos Muñiz Romero con pluma magistral canta a Priego, su Castillo, Adarve, calle Río, barroco, Sagrario de la Asunción, la Tiñosa,

CARLOS MUÑIZ ROMERO



          

       SONETO A LA CIUDAD DE PRIEGO

 

            La vieja Historia oscura desemboca

en el Mar y en la Luz. Mas, si fluía,

¿dejará sus meandros, su agonía,

sus cauces, su canción de boca a boca?

 

            Cuando acabe la muerte y se abra el Día,

¿aún quedará agua en vilo en esta roca?

¿No habrá manar, fluir, gracia barroca

de espejos, curva, azar, melancolía?

 

            Con la Historia asumida en trascendencia,

lo mismo que un mantel que se arrebata,

¿qué quedará de Priego y de su esencia?

 

            Pues, nada ¿Y qué? Ya fue, en su caminata,

símbolo firma de esa contingencia

donde todo se cumple y desbarata[1].

  

               NUDO Y CLAVO

 

Despliega Priego pliegues como un pavo

que de arco iris viene malherido

y todo es sesgo azul, verde el latido,

hieles y flamas y la miel del flavo.

 

Por como la defines, Priego es clavo,

te prende en prenda, aprendes, sorprendido,

todo el color que encajas y el quejido

de quien te hurgó y te ahonda y te hará esclavo.

 

Jaén, Granada, Córdoba y, en medio,

haciendo el nudo, Priego se concentra

y las traba de blanco y da la clave

 

de tanto seno y sino sin remedio;

pues nadie suelta el nudo, ni se encuentra

clavo o desclavador que la desclave.

 

 

             CASTILLO DE PRIEGO

 

Que angelen marchas, taconazos, cruces,

parafernalias de los entorchados,

medallas, miedos, pues, desangelados,

callan los ecos de los arcabuces.

 

Fronteriza alcazaba en desmenuces

de piedras que han rodado como dados

con la fortuna desigual, soldados

de buena y mala gana alandaluces.

 

Y son los de Aguilar, los Calatrava,

los Muhamedes y los Alhamares,

Regimientos, Justicias y Concejos,

 

torres sin homenaje. Que así acaba

su rango de ajimeces y alminares,

eso que, estando encima, está tan lejos.

 

 

          HOMBRE E N  E L ADARVE

 

Desmoronado el muro, te divierte

que lo cope, triunfal, la enredadera

como un polvillo fiel de salvadera

que fija tu idea fija al contrafuerte.

 

Esa tristeza es eco de tu muerte

y eres feliz, dolido, a tu manera,

pues ahormas tu pena a una quimera

que no ha sido real por mala suerte.

 

El rango arrinconado en las alturas

vigila el llano, el río, las Angosturas

y algo que te defienda y te libere.

 

Hazle sitio a la paz, y que te escarbe,

igual que una raíz en el Adarve,

para que el corazón no desespere.

 

 

                CALLE DEL RÍO

(para Cayetano, por nuestros libros)

 

Como era cauce, orilla, escollo a escollo,

ondulante la sierpe se insinúa,

en tanto, en tanta sombra, continúa

lo que fuera agualuz en el gorgollo.

 

Cuajan algunas casas el embrollo

del alarife, que remansa en zúa

un acarreo capaz y capicúa,

la ingenua gravedad del perifollo.

 

Tutti fruti, surtido, taracea,

puzzle, cócktail... y salga lo que sea

en esta arquitectura de esperanto.

 

Y, sin embargo, si la miras cerca,

de la Fuente del Rey a la Panduerca,

gozas la calle. Porque tiene encanto.

 

 

         FILOSOFÍA BARROCA

 

¿Fue primero un tornillo, fue una tuerca?

¿La gallina o el huevo? ¿Un poderío

o el pedir tener jefe? ¡Qué extravío

de dilema, que aleja más que acerca!

 

Ni la Fuente, ni el río, ni la Panduerca,

ni el manantial, ni el socavón sombrío,

ni mar ni lluvia, inician este lío

del ciclo elemental en ronda terca.

 

Algo sagaz y previo al pensamiento,

un barrunto o sutil presentimiento

del misterio que ensaya con la vida,

 

se hace barroco en Priego y mundo sabio

donde el beso ha nacido antes que el labio.

Primero fue la pena que la herida.

 

 

         CAPILLA BARROCA DEL SAGRARIO

             (en su bicentenario, 1784-1984)

 

Duras barbas, rebordes, bordadura,

taracea de gloria endomingada,

astrales vilos, velos, balaustrada

que enmarca en torques terca arquitectura.

 

Roca y barroca, Priego aquí supura

sus derroches de yedra en la ochavada,

oh clave y clavo, esclava arrodillada

ante tan comedida desmesura.

 

Si es tan sencillo Cristo en un sagrario,

¿a qué tamaña jungla y geometría,

diedros tronchados, crenchas a lo loco?

 

¿O es que el juego de Priego es ser notario

de aquella exuberancia y armonía

con que Dios, al crear, se hizo barroco? 

 

                  LA TIÑOSA

 

Jalonada a Morrión y Silla Baja,

tu alta cumbre, Tiñosa, se encabrita,

bosteza, abre su cueva, resucita

y le entra el cuerpo de su mole en caja.

 

A tu caída, un olivar ultraja

la plenitud y al estertor invita,

tocón getsemaníaco, marchita

suma de siglos, siglas en mortaja.

 

Historias y picachos hacia Rute,

Buitrera, Horcón, cabildo que discute,

moro, jardín, ruina, espantos quietos,

 

sueños que fueron y en las sombras vagan

como esta niebla ahora en que se apagan

rescoldos de Valverdes y Nicetos[2].



[1] Fuente del Rey, número 117, Septiembre 1993.

[2] De libro Sonetos en el clavo.





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