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05.07. CRÓNICA NEGRA DE PRIEGO EN LA PRENSA CORDOBESA. (1852-1952)

 




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desde el 1 de mayo 2007
Poemas a Priego - Poesía

BARTOLO (y otros poemas)

José Madrid Mira de Percebal, firmaba con el seudónimo "Percy" en sus colaboraciones de "Adarve" primera época. Recordamos sus poemas "Bartolo", "Patio andaluz", "Un relato inquietante o los bares de mi pueblo", "Al llegar las Navidades", "El otro reloj",

            PERCY

José Madrid Mira de Percebal



 

           BARTOLO

 

Fue en La Haza de la Luna,

donde ponen el ferial

de burros, caballos y mulas,

yeguas y algún animal

de los de raza vacuna.

 

Dos legítimos gitanos

dos auténticos calés

y los dos eran hermanos,

Antonio y Bartolomé,

con largas varas en las manos.

 

Paseaban el ferial

cautelosos como gatos

y sin parar de mirar

donde se presenten tratos

o lo que poder mangar.

 

Uno de ellos vio venir

dos que no van de paisano;

con correaje y fusil

y así le dijo a su hermano

viendo a la Guardia Civil.

 

¡¡Mardita cea el demonio

Qué mus changa la feria!!

Disimula un poco Antonio

Que con la jeroz muy seria

Se aproximan do tricornio.

 

Cumpliendo su obligación,

el que mandaba pareja,

pidió documentación,

mostrando cédulas viejas,

con más pringue que un jamón.

 

Y, ¿cómo se llama usted?

Pues yo me llamo Bartolo.

¡Hombre, no; Bartolomé!

No zeñó, Bartolo zolo.

¡He dicho Bartolomé!

 

Y por querer discutir,

no llevando la razón,

le dio tal guasca el civil,

que un ojo como un colchón

se le puso al infeliz.

 

Y, ¿cómo se llama usted?,

le preguntó al compañero.

Yo me llamo Antoniomé,

a mí por mes más o menos

no me endiña su merced[1].

 

 

PATIO ANDALUZ

 

Quien no sintió la alegría.

Quien no cantó la grandeza.

Quien no sacó una poesía,

contemplando la belleza

del patio de Andalucía.

 

Yo que siempre escribo en guasa

que es, la costumbre mía,

he dicho: De hoy no pasa

que no cante la alegría

de los patios de la plaza.

 

El corazón se desancha

al ver sin tierra, sin fangos,

sin nevadas, sin escarchas,

el patio de los Naranjos

¿No lo has visto?, ¡ay que Plancha!

 

Un patio de gran salero

el patio del Bar el Águila,

que te pone sandunguero

cuando tomas la flor pálida

que no se sirve en florero.

 

Qué patio de más fragancia

el de Arturo y el de Gómez,

el de Ortiz y la Farmacia,

que aunque les den pocas flores

las pocas les dan ganancias.

 

Patio del Banco Central

patio de las ilusiones,

en donde puedes plantar

dos, tres o cuatro millones

sin temor al temporal.

 

Y en fin, para terminar,

el patio del Bar Gasógeno

donde coges al azar

algún embuste fenómeno

de un cazador al cazar[2].

 

 

UN RELATO INQUIETANTE O LOS BARES DE MI PUEBLO

 

Un tal Cristóbal Vidal

que viajaba por Europa,

quiso a España visitar

y hacerse un poco ropa

por estar hecho un Adán.

 

En vista de la escasez

de gasolina y carbón,

el hombre cogió el Exprés

y el Gasógeno dejó

en territorio francés.

 

A nuestra Patria querida

como un Águila voló.

¡Qué buena Vela!  Enseguida

lo que buscaba encontró,

que era ropa a medida.

 

Fue un Triunfo bien conseguido

encontrar aquella tienda

y un traje tan bien cosido,

una verdadera Prenda

tan elegante y Pulido.

 

Recorriendo Andalucía

quiso Priego conocer

y un Atranque en La Tardía

tuvo, por tanto beber,

que le iba a costar la vida.

 

Con un mediano tablón

se fue todo hecho un demonio

de Campos al Bodegón

al llamado Bar Tricornio,

y Juanico el del jamón.

 

Libó algo extraordinario;

Casa Rogelio se hinchó,

en Los Pepes, Centenario,

y en una Venta murió

(la que está en el extrarradio)[3].

 

 

AL LLEGAR LAS NAVIDADES

 

Al llegar las Navidades

la costumbre suele ser

felicitar amistades.

¡Al que esto pueda leer

le deseo felicidades!

 

Poeta, tú a tus poesías

no te las des de profeta,

ya ves que en la lotería

no ha tocado una peseta.

¡Debes irte a hacer poesías!

 

Villancicos y rondalla

al pueblo le da civismo

por cualquier sitio que vaya

fomentar el gamberrismo

es muy baja canallada.

 

Aquel que está acomodado

en estos días navideños

y al pobre nada le ha dado

por corazón tiene un leño

y por caridad un candado.

 

Si comes pavo, mejor;

si comes pollo, es lo mismo;

pero por amor de Dios

¡dale al pobre con cariño

que es la noche del Señor![4]

 

 

EL OTRO RELOJ

 

Carlos Valverde Castilla,

el gran poeta genial,

hizo un canto a maravilla

al reloj del Hospital,

el  llamado de la Villa.

 

Yo, queriéndolo plagiar,

aunque con menos talento,

también le quiero cantar

al de nuestro Ayuntamiento,

que cerca del otro está.

 

Aquél en tiempos lejanos

se hizo en carro transportar

por un ?capitán romano?.

Éste en gran velocidad,

a pesar de ser hermano.

 

Aquél en piedra enmarcado

y le dieron voz de bronce.

Éste, en cemento armado

y... den... la una o las doce,

tan prudente y tan callado.

 

Aquel al amanecer,

es ya por el sol besado.

A éste, mucho después.

Así, si va retrasado,

no tiene la culpa él.

 

Aquél la hora señala

con potente voz de acero,

principio y fin de jornada.

Éste con su minutero,

apunta al que no hace nada.

 

El no quiere dar ni un cuarto,

por hacer economía,

no gasta medias (de Sparto)

ni de noche ni de día,

ni envidia al que está más alto.

 

Uno está en el Hospital.

Él está sobre un Palacio,

Palacio Municipal,

y si el pobre anda despacio

es  porque quiere mirar

por el probo funcionario

que se pueda retrasar[5].

 

 

    EL TORREJÓN

 

No hay mucho que el Torrejón,

esto es público y notorio,

lo sabe la población,

era un simple evacuatorio,

un inmundo callejón.

 

La Autoridad deseosa

de quitar tanta inmundicia

como madre cuidadosa,

se dio no poca prisa

en dejarla primorosa.

 

Antes puerca, sucia siempre,

llena de escombros y latas.

Hoy la calle de las Sierpes

o la calle de la Plata,

como la llama la gente.

 

Luego vino a completar

esta obra el gran Pulido

montando elegante bar,

tan bonito, tan surtido,

que otro igual no encontrarás.

 

A dos pasos de la Plaza,

toldos, macetas, sabor,

y cortinas de zaraza,

con precios de mostrador

en deliciosa terraza.

 

Ese es el bar Pulido,

el más fino y elegante

y siempre tan concurrido.

Es el hogar del viajante

y público distinguido[6].

 

 

LAS VISITAS DE CUMPLIDO

 

Es el plan más aburrido

que he conocido hasta ahora

el ponerse muy vestido

y salir con la señora

a visitas de cumplido.

 

Primero casa fulana

del timbre pulsó el botón.

¿Oyes? No se siente nada,

un buen rato en el portón

y al fin abre la criada.

 

Los saludos de rigor,

los besos de mi costilla

el? sentarse, por favor.

No se siente usted en la silla,

en el sillón es mejor.

 

No estar en casa el marido

casi siempre es natural,

es raro no haya salido,

ellas se ponen a hablar

y uno se queda aburrido.

 

-¿Y temas?... los de costumbre:

carestía de la plaza,

lo mal de la servidumbre,

los mil quehaceres de casa,

que son una pesadumbre.

 

Luego cogen las tijeras

¡y me cortan cada blusa

que ya el Cortefiel quisiera!,

una zapatilla rusa

es a su lado cualquiera.

 

No se escapa a sus palabras,

lo juro por Belcebú,

ni el que maneja las aguas

ni los tíos de la luz,

y uno se salva por tablas.

 

Y en vista de todo esto,

yo propongo a los maridos

que tengamos un buen gesto

¡¡a visitas de cumplidos

pongamos todo el veto!![7]

 

 

OTRO CANTAR

 

Quería cantar a Jesús,

nuestro Padre soberano,

y juro por Belcebú,

que me han cogido la mano

con más lirismo y más luz.

 

¿Pero me voy a callar

si no son mis intenciones?

Como algo hay que contar

haré un canto a los sayones,

que ese ya es otro cantar.

 

Quitarlos ya se ha querido

pues en arte no son nada

y por el gran parecido

que tienen algunas caras

de amigos más distinguidos.

 

Otros, que por tradición

no se deben de quitar

pues siempre han visto al sayón

que de Cristo va detrás

con cadenas y escobón.

 

Yo, francamente, señores,

con gusto los quitaría

de ese retablo de flores

y sólo los dejaría

¡cómo signos exteriores![8]

 

 

DON CORNELIO

 

En un carrillo de estiércol

porque así venía de balde

ha llegado don Cornelio

a embargar a los alcaldes.

 

Como soy un tío mochales,

yo no sé lo que hacer

en Priego me ha colocado

un amigo de mi mujer.

 

Estoy parando en «Rosales»,

cierto que es un gran hotel,

pienso que estaré cebado,

cuando llegue San Andrés.

 

Las cuentas no las ajustan

por lo que voy a decir

porque al tío buchón le gusta

el comer de babuchín.

 

Ha llegado don Cornelio,

don Cornelio, don Cornelio:

«Si no es por el directorio,

pena me cuesta decirlo,

estoy en el cementerio.»

 

 

TANGO

 

En Priego se ha organizado,

casa de un serio señor,

porque a su hija de largo

aquella noche vistió.

 

Le ha cortado la melena,

por cierto que «a lo garçon»,

y aunque no estaba muy bella,

y aunque no estaba muy bella,

alguna edad le quitó.

 

Y todo a media luz,

el baile se empezó,

al son de la orquestina

café se repartió.

Y todo a media luz,

bebían con placer,

y salieron borrachas,

de allí al amanecer.

 

Bailaron bastante poco,

el caso yo no lo sé,

lo que sí sé es que se fueron

a la escalera a beber.

En tanto las forasteras,

solitas en el salón,

las de Priego en la escalera,

bebiendo en la tapadera,

pillaron el gran follón.

 

Y todo a media luz,

veréis lo que pasó,

que con las forasteras,

Fernando se quedó.

Y todo a media luz,

veréis lo que pasó,

que con las forasteras

«un hombre» se quedó.

 

 

DOÑA ANASTASIA

 

La infame Doña Anastasia,

amiga de los censores,

no ha muerto, no, por desgracia,

el Casino de Señores

le da asiento y ríe su gracia.

 

Cuando la dama refiere

la quema de los olivos,

los destrozos de la nieve,

lo caro de sus cultivos:

a nadie daña ni hiere.

 

Pero, cuando no es así,

porque el hecho no es corriente,

su lengua de bisturí

le va cortando a la gente

tiras de vario cariz.

 

No pasa persona alguna

que no salga «criticao»:

Este por hacer fortuna,

el otro que está «arruinao»,

aquel nació en mala cuna.

 

Fulano bebe sin tino,

zutano jugador nato,

y aquel, que no toma vino,

tragando bicarbonato

está arruinando el Casino.

 

¿Y esa crítica soez,

que no quiero transcribir

por ser contra la mujer?

¿Hay quien pueda resistir

tan enorme ordinariez?

 

¿No sería mucho mejor

meterse en la biblioteca,

a leer un buen autor?

Mientras tanto no se peca

y la cultura es mayor.

 

Ya tengo tirado el chino,

con más o con menos gracia,

y sin personal destino.

¡¡Somos muchos «Anastasias»

los que vamos al Casino!![9]



[1] Adarve, 30-8-1953. Número 48-49. Página 42.

[2] Adarve, 22-2-53. Año II. Número 21. Página 2.

[3] Adarve, 28-6-53. Año II. Número 39. Página 3.

[4] Adarve, 25-12-1955. Número 169, página 7.

[5] Adarve. 9-8-1953. Año II. Número 45. Página 2.

[6] Adarve, 30-8-1953. Número 48-49. Página 43.

[7] Adarve, 31-1-1954. Número 70. Página 3.

[8] Adarve, 22-5-1955. Número 138, página 5.

[9]  Don Cornelio, Tango, Neurastenia, De Lavapiés ¿te enteras?,  y Doña Anastasia, tomadas de Antología Bromelia II. Poetas del pasado de la Subbética. Edición de Sacramento Rodríguez Carrillo. Priego de Córdoba, 2003.





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