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05.04. PRIEGO Y PRIEGUENSES EN LA PRENSA CORDOBESA (1852-1952)

 




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Aficionados al fútbol


SESENTA AÑOS DE GRANADINISMO. CRISTÓBAL MURÉ VIAJA CADA DOMINGO DESDE PRIEGO DE CÓRDOBA PARA VER A A SU EQUIPO DESDE QUE TENÍA 12 AÑOS. (Juan López Roelas. "Ideal).
15-09-2009

El prieguense Cristóbal Muré. (Ramón L. Pérez).
El prieguense Cristóbal Muré. (Ramón L. Pérez).

               «Muchas veces llegaba al viejo Los Cármenes empapado por los chaparrones»

Bufanda al cuello, pin en la solapa de la chaqueta, y 'carretera y manta'. Cristóbal Muré, de 72 años y natural de Priego de Córdoba, visita cada domingo la ciudad de la Alhambra para ver al equipo de sus amores, el Granada CF. Lo hace desde niño, «desde que lo vi por primera vez con 12 años en una visita inesperada a Granada con mis primos», comenta el cordobés.

Muré recuerda que en ese domingo de 1951 jugaban el Granada y el Alcoyano, que tenía la vitola de ser un equipo muy correoso y que luchaba siempre con mucho tesón por evitar el descenso, lo que hizo famoso el dicho de 'tienes mas moral que el Alcoyano'. Moral precisamente no le falta a Cristóbal, que a pesar de las desgracias que han acompañado al equipo en las últimas temporadas, nunca ha dejado libre su asiento en tribuna. Y es que, en ese primer partido, quedó tan deslumbrado por el espectáculo que vivió, donde el Granada logró una victoria apoteósica en el último minuto, que decidió no perderse nunca un encuentro en Los Cármenes. Para ello, el granadinista recuerda que se las ingeniaba como podía para ahorrar 12 pesetas para comprar el billete de la Alsina. «De Priego a Granada tardaba casi tres horas, y la mayoría de las veces tenía que hacer noche en la casa de unos familiares para volverme al día siguiente», comenta Cristóbal con cierta nostalgia.

Ahora este granadino de adopción está jubilado, pero se encuentra en plena forma. Le echa una mano a su hijo en la tienda familiar de electrodomésticos que tiene en su pueblo. Y cuando llega el domingo, no tiene ningún reparo en conducir más de 80 kilómetros para acudir religiosamente a su cita con el fútbol. «En la tienda tengo mi banderita del Granada y una foto de mi hijo, cuando tenía un año, junto a Ñito, un portero muy bueno que tenía el equipo en los años 70».

Por Cristóbal han pasado más de 60 años de historia del Granada. Vivió la final de Copa del 59 en la esquina de un cine de Madrid pegado a su transistor. «Al final me perdí la película porque no quería entrar hasta que el árbitro no pitara el final, era todo un acontecimiento. Esa temporada fue agónica porque a la semana siguiente nos jugábamos el descenso a segunda en el último partido de la temporada y ganamos 2-0». En esa temporada, Cristóbal sustituyó los interminables trayectos en autobús por viajes más rápidos en su flamante moto DKW. «Muchas veces llegaba al campo empapado de los chaparrones que pillaba por el camino» apunta orgulloso, desafiando a cualquier granadinista que se pusiera por delante.

El mejor fútbol, destaca Muré, se practicaba, en la época del presidente Candi, en la década de los setenta, cuando al Granada se le conocía como 'el mata-gigantes' porque «nadie ganaba en Los Cármenes». Para muchos, fueron las mejores temporadas del Granada CF como equipo de Primera División. Por entonces, el prieguense, en los días de partido, se iba a comer a un restaurante de la calle San Antón, donde se concentraban los jugadores del Granada, «así veía a Aguirre Suárez, a Lasa, a Luis Rivas, a Vicente... Ese equipo tenía futbolistas muy importantes como Millán, que llegó a ser internacional absoluto como jugador rojiblanco» apunta. De esa época, Cristóbal recuerda con mayor clarividencia la rivalidad que tenían las aficiones del Málaga y del Granada. El 'viejo' Los Cármenes se vestía de gala para estas ocasiones, «la pena es que ellos casi siempre nos ganaban porque tenían mejor equipo», lamenta Muré.

Desgraciadamente, Muré ha vivido los peores momentos en el estadio del Zaidín. «El famoso 25-J fue un palo muy duro para todos, mi hijo y yo apunto estuvimos de arrancar a llorar». En las derrotas como esta, el viaje de vuelta a Priego se hace más cuesta arriba «pero siempre miramos el lado positivo para volver al domingo siguiente con toda la energía.

Este año, como siempre, padre e hijo acuden al campo para seguir alimentando su cariño por este equipo, por el fútbol y por su propia relación, que crece en cada partido que pasan juntos.

 


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