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HISTORIA
Periódicos y diputados de Córdoba


CÓRDOBA Y LAS CORTES DE CÁDIZ: SUS DIPUTADOS Y LA PRENSA. (Santiago Sánchez Traver. "El Día de Córdoba").
27-08-2011

            Una amplia representación de la sociedad cordobesa, a través de una veintena de parlamentarios, formó parte de los diversos trámites para la redacción de la histórica Constitución gaditana.

            Conmemorando el Bicentenario de 1812, conviene recordar qué parte tuvo Córdoba en aquella historia, desde la prensa de aquellos días hasta los diputados que, representando al reino cordobés, se sentaron en aquella Cámara. La actividad periodística e impresora en Córdoba era escasa pero destacable en esos años. Sólo había una gran imprenta, la imprenta Real, de Juan Rodríguez de la Torre. Estaba situada en los números 1 y 2 de la calle Librería, en el barrio de San Pedro, desde final del XVIII. Hasta 1814 no aparece una segunda imprenta, la de Luis de Ramos y Coria, en la plaza de las Cañas, y, después, en la calle Armas, de la que eran oficiales impresores Antonio Morales y Juan de Dios Martínez.
            Y en cuanto a periódicos, el primero que se conoce como tal en Córdoba es el Compendio Semanal de noticias de Córdoba, a partir de 1790, del que se editan 14 números. Y en esa década, también, una extraña publicación, Phyloparro, de la que se editan dos números. Ya en abril de 1801 aparece el primer Correo de Córdoba, que dura hasta el inicio de 1802. Todos impresos en la Imprenta Real. Y el 8 de enero de 1809 la Junta de Gobierno cordobesa decide publicar el Correo político y militar de la ciudad de Córdoba, que era bisemanal.
            Cuando entran los franceses en enero del 1810, se apropian del diario, que llaman Correo Político y Militar de la provincia de Córdoba, y al frente ponen a Manuel María de Arjona y Cubas, religioso y poeta afrancesado, natural de Osuna, cuya gran obra poética fue Las Ruinas de Roma. Tiene una calle en la ciudad, porque el 11 de noviembre de 1810 fundó la Real Academia de Córdoba de la que fue su primer director. No aguantó la presión de los ocupantes franceses que ponen de director, bajo la cabecera de Correo Político de Córdoba y Jaén, al abate Marchena. Y, después, a Carlos Velasco hasta que en 1811 el Correo pasa a ser controlado por los franceses. Una vez se van estos, se funda la Gaceta de Córdoba, que se tira en octubre de 1812.
            Hay otros notables escritores cordobeses en esa etapa. Como el clérigo agustino liberal José de Jesús Muñoz Capilla, nacido en Córdoba en 1771. Fue vocal de la Junta Superior Central en 1812 y su principal obra es El arte de escribir, y otra más política Tratado de organización de las sociedades. Y otro clérigo, lucentino éste, Fernando Ramírez de Luque, que fue realista, y es condenado a muerte por los franceses, pero le salva el obispo Trevilla, y vuelve a Lucena sin poder ejercer. Al final de la guerra le condecora el Rey, pero cuando éste decreta la abolición de la Pepa, se declara liberal.
            También cabe destacar a Diego de Alvear y Ponce de León, nacido en Montilla en 1743, que llegó a ser brigadier de la Armada e intervino en numerosas batallas en Sudamérica y acabó defendiendo la plaza de Cádiz del asedio francés, Tuvo 19 hijos y hablaba siete idiomas, siendo autor de escritos como Descripción de Buenos Aires o Demarcación de los territorios de España y Portugal.
            Hay que hacer referencia al personaje cordobés más importante de la época, Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano, duque de Rivas, que nació en Córdoba en 1791. Estudia en el Seminario de Nobles de Madrid y se alista contra los franceses. Combatió con poco más de 17 años en Zaragoza y en Ocaña, siendo herido dos veces. Tras la Guerra se dedica a la literatura y la dramaturgia, pero Fernando VII le condena a muerte, por lo que huye a Gibraltar y a Inglaterra, de donde no vuelve hasta 1834, tras la muerte del Rey. Gran personaje, el duque de Rivas simultánea su obra con la política, pues llega a ser ministro de Gobernación y hasta presidente de Gobierno por dos días, senador por Córdoba y embajador en Nápoles y en París.
            Hay hasta 20 diputados cordobeses en las Cortes de Cádiz, algunos de ellos suplentes y otros que no llegaron a asumir el escaño, aunque, como electos, figuran en el archivo del Congreso de Diputados. Así, el maestrante rondeño Juan Antonio Toro y Heredia, de Cañete de las Torres, fue elegido suplente por Córdoba el 6 de diciembre del 10 pero no llegó a ejercer. Y otro suplente de esa fecha, Pedro del Río Cañero, vio anulada su elección. Igual que le pasó al provisor de la abadía de Baza Manuel Rodríguez Palomeque, diputado titular por Córdoba, y al doctor en Teología Marcos Cavello López, nacido en Córdoba en 1751, que después fue obispo de Guadix.
            Otros diputados por Córdoba tuvieron efímero paso por las Cortes gaditanas. Eso les pasó a dos diputados elegidos el 1 de agosto del 13: Antonio Calvo Rubio, de Priego, abogado del colegio de Madrid, que muere de fiebre amarilla el 10 de octubre del 13, y el lucentino, y abogado de los tribunales nacionales, Gabriel Carrillo Colodrero. El 21 de mayo de 1813 fueron elegidos siete diputados por Córdoba, dos de ellos suplentes: Juan María Henao, presbítero y rector beneficiado de San Andrés, Antonio Hoces Fernández de Córdoba, maestrante de Sevilla y alcalde segundo de Córdoba, el racionero de la Catedral José Cevallos y Carreras, Francisco Nogués y Acevedo, egabrense, consejero de Hacienda, el oficial de la secretaría de Estado, Francisco Solano Ruiz-Lorenzo, montillano, y el abogado egabrense Antonio Alcalá Galiano. Éste, nacido en Cabra en 1762, es hijo del mariscal de campo Antonio Alcalá Galiano y hermano del gran almirante Dionisio Alcalá Galiano, muerto en la batalla de Trafalgar.
            También fue elegido en esa fecha de mayo el vicario de La Carlota, Juan Nieto y Fernández, que ya había sido elegido el 6 de diciembre del 1810, y tomado posesión de su escaño a final 1812, cuando pudo entrar en Cádiz, y anulado poco después. En esa fecha fue elegido el prebendado de la Catedral Manuel Jiménez Hoyo, nacido en Córdoba, que, por la misma razón, no pudo tomar posesión hasta dos años más tarde, que, tras intervenir en el debate de la Inquisición, vio anulada su elección. Lo mismo le pasó al catedrático de Teología Martiniano Juan de la Torre. El 4 de diciembre de 1812 había sido elegido por el Ayuntamiento de Córdoba, el abogado y procurador del Ayuntamiento de Córdoba Rafael Ramírez Castillejo, natural de la capital.
            Otros de los diputados cordobeses fueron elegidos para la segunda legislatura gaditana, el 1 de agosto del 13, pero por el miedo a la epidemia de fiebre o las dificultades en llegar, ni se sentaron en el escaño en Cádiz ni en San Fernando, jurando el cargo en Madrid, a primeros de 1814. Pero en el archivo del Congreso están reconocidos como diputados para esa legislatura gaditana. Así les pasa a tres diputados cordobeses, que, curiosamente, fueron de los 69 absolutistas firmantes del Manifiesto de los Persas: Manuel Márquez Carmona, después cura en Toledo, y dos baenenses, el abogado, procurador y síndico primero del ayuntamiento de Madrid, Antonio Gómez Calderón, y Diego Henares Tienda, que había sustituido a Calvo Rubio a su muerte.
            Cuando se constituyen las Cortes el 24 de septiembre de 1810, sólo había un diputado, y suplente, por Córdoba, José de Cea, en otros escritos de Zea. Pero fue de los pocos diputados que estuvieron desde ese día hasta que se cerraron de nuevo en San Fernando tres años después, en septiembre de 1813. Cea, nacido en Chiclana, era abogado de los Reales Consejos, y también abogado de pobres -llamados así los de oficio- y resultó elegido el 22 de septiembre de 1810.
            Tuvo poca participación en las Cortes gaditanas aunque llegó a ser secretario de las mismas, con sesenta y siete votos a favor, en la sesión del día 24 de julio de 1811. Formó parte de la comisión de Supresión de prebendas eclesiásticas y de la de Arreglo de Provincias, o de la Comisión del estado de salud pública de la ciudad de Cádiz. Sí se sabe que defendió el decreto de Argüelles sobre la libertad de imprenta, aunque con adiciones. Aunque no estaba presente el día que empezó su aprobación.
            Dejó de asistir a las sesiones, alegando motivos de salud, pero se supo que fue por verse cuestionado por el diputado de Guadalajara Juan Uría, sobre el consulado de Méjico. Obtenidas las satisfacciones de dicho diputado volvió a las Cortes. Fue firmante de la Constitución y vivía en la calle Pelota, 181. Como dato curioso de Cea, hay un protocolo de venta de una esclava negra a su favor, el 11 de mayo de 1814, a la que hizo libre ese mismo día.
            Todos ellos tienen ese honor de haber pertenecido a esas primeras Cortes gaditanas, en su primera o segunda legislatura, pero casi todos han sido olvidados por la historia. Bueno es dedicarles este simple recuerdo para que tengan, al menos, el reconocimiento de sus paisanos.


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