Historia de Priego de Andalucía - Bandoleros en la Subbética cordobesa
05. CAZADOS COMO CONEJOS
La aplicación práctica de la llamada "Ley de Fugas".



© Enrique Alcalá Ortiz

 

            El bandolerismo andaluz fue la punta del iceberg que se mantenía congela­do, gracias a la endémica injusticia social que soportaba y sufría el pueblo desheredado. Calado de miseria hasta los huesos, el mozo andalusí se hizo bandolero para comer robando el mendrugo de pan que no podía roer cuando era esclavo de la tierra. Como lobo desesperado atacaba allí donde se presen­taba la presa. Más el dueño de las viandas estaba protegido por una legalidad que él mismo dictaba y que era ejercida para proteger la comida que no se quería repartir. La orografía, la incultura, el latifundio y la pobreza se apuntan como las causas principales que llevaban a la desesperación al hombre de nuestra tierra, el cual, en un ataque de rabia e impotencia, corría a echarse al monte. Al menos allí se sentirían libres como liebres, pudiendo tomar lo que el campo, los cortijos, los caminos y los propietarios le ofrecían a su paso. Y como conejos, igualmente, fueron cazados por la Guardia Civil, cuerpo creado en 1844 por el duque de Ahumada con el objetivo de acabar con ellos. Objetivo que alcanzaron ya bien entrado el siglo XX, ayudados por el tren, el telégrafo y el teléfono. Adelantos técnicos que resultaron ser aliados poderosísimos y eficaces en la lucha y exterminio de bandoleros. Sin estos ingenios de la ciencia, la historia hubiese tenido un desarrollo diferente, y no se verían hoy como hazañas remotas y lejanas lo que sucedió hace ya más de un siglo.

            Aplicando lo que se llamó ley de fugas la benemérita fue acabando de una forma rápida y expedita con un buen número de rufianes. Consistía esta ley en disparar sobre los facinerosos, una vez avistados, sin decir esta boca es mía. O bien si los llevaban presos decían que en un intento de fuga "se habían visto obligados a disparar"[1].

            Por este método fueron exterminados los bandidos Zafra y Carmona en una luminosa jornada del mes de agosto cuando merodeaban por nuestras sierras. Después de una agitada y turbulenta persecución de civiles y bando­leros, cada uno con su papel de cazador o conejo, fueron cosidos a balazos. Cuando Carlos Valverde vio después el cuerpo de uno de ellos, al ser trasla­dados a Priego, escribió esta impresionante frase: "El cadáver de Zafra lo vi en la losa del hospital; era alto, recio, tenía un balazo sobre el ojo derecho"[2]. Este hecho local que se nos presenta aislado corresponde al año 1876 y no es más que la muestra de un caos generalizado que se produjo en Anda­lucía a partir del año 1869 con el estallido de la revolución liberal llamada "La Gloriosa"[3].

Nuestro escarpado paisaje subbético, como a continuación veremos, se vio lleno de robos y toda clase de delitos, cometidos bien por partidas organizadas o por bandoleros en solitario.



[1] Gran Enciclopedia de Andalucía: 10 tomos, Editorial Anel y otras, página 160.

[2] VALVERDE LÓPEZ, Carlos: Memorias íntimas y populares, obra inédita, folio, 60.

[3] Córdoba: 4 tomos, Ediciones Gaver, tomo I, pág., 22.